Tal vez a pocos les pueda interesar esto, pero igual, mi idea inicial no es precisamente que lo lean, es simplemente una forma más de desahogarme y canalizar la impotencia que me invade en éste momento.
Es increíble que ya no se pueda salir a tomar fotos “en la calle, en la esquina, en la cuadra” porque no falta el hijode… que pasa, te saca un revolver y con un palabrerío bastante codificado en tono parcero te dice “pásame la cámara malpa… que si no te lo estallo” -¿hay algo que uno pueda hacer?- Tal vez dárselas de héroe y gritar, correr o hasta tratar de meterle un puño al señor en cuestión, pero -¿vale la pena arriesgar la vida de esa manera?- Pues muchas pueden ser las opiniones; lo cierto es que hoy, en horas de la tarde, a pocos metros de la portería de la unidad donde resido al sur de la ciudad de Cali estando en compañía de mi novia, un tipo en una moto con aspecto de mensajero nos intimidó con revolver y nos hurtó la cámara…
Susto, rabia, impotencia, de nuevo rabia… reflexiones interiorizadas del tipo: -“si me robó para darle de comer a su familia está bien”-, pero si me robó para vender la cámara por cualquier $5.000 para comprarse un cacho de lo que sabemos bien grande…
Pues bien, la lección: la de los papás… “NO DAR PAPAYA”.
La reflexión: Es triste que ya no pueda ejercer mi pasión por la fotografía urbana… creo que estaré un buen tiempo sin salir a la calle con cámara en mano.
Para cerrar: La cámara era de mi novia…













